Cálida como el fuego,
sencilla para describirla
en su andar despreocupado
sobre mis espaldas la percibí
intuyendo lo que tenia para darme
apenas pude acercarme
había recordado el porque
me detuve en su seducción.
Compatibles el uno al otro
nos consentimos en la privacidad
de nuestras partes intimas
sin pensar hasta donde llegaremos,
intento evitarlo pero ya no
¿como escapar de sus encantos?
yo me lo busque al escribir todo esto
esas poses, esas pocas prendas que deja
cuando pongo un pie en el colchón
y el otro entre sus piernas.
No para de sonreírme
como siempre le digo
que no deje de hacerlo
porque el mundo brilla cuando lo hace,
porque no solo me jadea al sentirme
también disfruta los largos silencios,
cuando nos susurramos cosas nuestras
sin que el tiempo nos corra de allí.
Entonces es ahí donde quiero estar
confiado hasta con los ojos cerrados
de que no me lastima
aunque tenga su peor día,
no hay tiempo ni distancia
que evite dar a conocer
lo que me puede generar adentro
y disfrutarla cada día.
Podría decir que su piel
tiene algo que no tienen las demás
mientras deslizo mis dedos
ella se encarga de explorar mi pecho
con esa fragilidad que tiene
cuando teme perderme
aunque le diga que a este poeta
ya lo vuelve loco siempre.


- Fernando Ale


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