Hecha a mi medida no vacile entre curvas robustas ante la mirada de quien la contempla, quien la domina a merced de su vestido dejado a un lado, solo para mi. Rellenita de amor, de suspiros, de fantasías, de deseos que se trasladan a mi cuerpo, como cualquier otra inventando excusas para tocarme desenfrenadamente. Me lo hace tan rico asomando su voracidad escondida entre sus carnes, de vez en cuando cubierta de lenceria acentuando rostros de lo perversa que se pone al recibir mis provocaciones constantes. Bien merecidas tengo esas mordidas, ese aroma impregnado en mi piel, aquellos susúrros profundos descubriendo cada parte que la pone tensa en sus nalgas manoseadas, en sus pechos húmedos. Es fuerte todo esto como sus brazos que me sostienen exponiendo su posesión en este poeta que la eligió gustoso de tenerla para convertirla en su musa. - Fernando Ale