La lluvia caía
inesperadamente,
de la noche a la mañana,
en un abrir y cerrar de ojos
mi cabeza empezaba a fantasearla. 
Como olvidar esa tarde,
en la que se despedía el sol,
en la que me ardían
sus besos sin cesar,
sin apagarse.
Venia calmado el asunto,
con sus susurros únicos,
de esos que se graban
dentro mio.
Le pedí que elevara
los gemidos,
en gritos intensos
que te provocaba
el penetrarla tan así,
sin pudor por lo que estaba haciendo.
Las gotas caían tan fuertes
y es necesario
que te exigiera mas
este poeta
que se volvió insaciable,
caprichoso,
moldeado para arrinconar
a la cama a su musa,
su locura,
su pasión en llamas.
Nos consumimos entrecruzando
nuestras lenguas,
mezclando nuestros cuerpos,
con esta lluvia testigo
de lo que hicimos
y de lo que no podemos dejar.


- Fernando Ale


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