Me calenté 
al compás de esas dos nalgas 
que se abrían
a gusto y placer 
encimandolo mas. 
Me encanta
esto que la condena
a saciar estas fantasías
oscuras en su mente,
apretando por demás contra su cuerpo.
Me lo pide ya mismo,
para matar sus deseos,
para convertirme en su cómplice,
para llenarse de fuego,
para volverme a tener.
La lengua se escurre
sin dejar notar
para que lado se decantara,
precisa de poner a punto
a su consentida en esta obsesión
por moldearla a sus antojos,
a sus deseos,
a sus caprichos.
Araña las sabanas,
muerde sus labios,
reafirma sus gemidos repletos de lujuria,
compartiendo este arte
de placeres íntimos.




- Fernando Ale



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