Subimos a la habitación, 
no entiende porque quise irme 
en medio de la fiesta 
para de su mano pasar 
un momento a solas. 
Ya la había besado 
en la profundidad de lo oscuro 
en el camino hacia nuestro lecho romántico. 
Nuestras bocas 
estaban furiosas 
hasta que nos tiramos 
en las sabanas ligeras, 
ahí ella empezó a frenarse y la miro. 
Le intuyo sus dudas 
que se disipan al instante 
cuando la abrazo, 
le saco la ropa 
y sus rollitos no me generan nada. 
Mas bien continuamos sin prisa 
y sin ganas de salir de allí, 
ese cruce 
entre nuestros ojos 
lo dice todo... 
no se arrepentirá 
y yo mucho menos.



- Fernando Ale


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