Ya nos habiamos reposado
en el colchón que nos acobija
como el lugar en el mundo
para ambos.
Se me hace agua la boca
y ella no se contiene
de espaldas otra vez
mi lengua,
mis palabras prohibidas,
su pelo azotado
y re-cogido
una y otra vez.
Las manos calientes
como nuestros cuerpos
anticipaban mis movimientos
sobre su cadera,
sus nalgas
maltratadas y rojizas,
con el p*ne erguido
chocando sobre ellas.
El olor a sexo
seguía latente
bajo mi olfato
inundando mi lengua
en sus poros húmedos
repletos de mis huellas.
Y de a poco
salen unas gotitas
de mi semen
para dejarle otra marca,
de esas que solo ella
podrá sentir
y recordar
a su poeta perverso.
en el colchón que nos acobija
como el lugar en el mundo
para ambos.
Se me hace agua la boca
y ella no se contiene
de espaldas otra vez
mi lengua,
mis palabras prohibidas,
su pelo azotado
y re-cogido
una y otra vez.
Las manos calientes
como nuestros cuerpos
anticipaban mis movimientos
sobre su cadera,
sus nalgas
maltratadas y rojizas,
con el p*ne erguido
chocando sobre ellas.
El olor a sexo
seguía latente
bajo mi olfato
inundando mi lengua
en sus poros húmedos
repletos de mis huellas.
Y de a poco
salen unas gotitas
de mi semen
para dejarle otra marca,
de esas que solo ella
podrá sentir
y recordar
a su poeta perverso.

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