Fue inmediato tu llamado,
pues te encontrabas sola,
al menos por un buen rato.
Con tu falda
te viniste a mi,
me tomaste del cuello
y sonreías simultáneamente.
Me pregunto que estarás tramando.
Entre tu espalda
y pechos al descubierto
dejas entrever tu lencería,
bien guardadita la tenias
entre impulsos propios
de una retorcida como tu.
Me pongo cabrón
con unas nalgeadas como respuesta
conllevando a que cumplas
mis ordenes,
algo de maldad viene mas que bien.
Entre sus piernas
hundo mi mano
sin tapujos,
aunque te empeñes en corregir
este pervertido incorregible.
Mas te enciendes
y mas te condeno a mi almohada
con placer por cumplir
entre nuestras pieles
marcadas a fuego.


- Fernando Ale

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