Me había esperado
con la frialdad que la caracteriza,
con la misma tranquilidad
la cual me hizo elegirla
como mi acompañante,
como mi mujer,
como mi calma necesaria
en tiempos pocos felices.
Deje la camisa de un lado
y la comida me llamaba,
ya perdiendo el calor
de los primeros minutos,
mas aun porque llegue
casi una hora mas tarde.
Apenas termine la veía
impaciente en el sofá,
de espaldas me puse
dejando mi torso al descubierto
posando ante su presencia.
Sentí los dedos de sus pies
chocando con fuerza
y levemente encausaba sobre mi
hacia mi columna,
ante mi quietud,
aquella que tengo al sostener un libro
o pensar en escribir
una pagina mas.
No era sentimental como yo
lo tenia bien claro
pero retenía en mi ser
aquellos gestos tan bien ensayados.
Sin parecernos tanto
me daba mucho
y por ello lo que tenia ganado
como un tesoro en nadie mas lo busco.


- Fernando Ale

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