Arrogante parecía
cuando se acercaba a mi
detectando quien realmente era
ese muchacho
que la describe por completo,
empezando por sus cabellos
sueltos como su alma,
negros como parte de su piel.
Ante mis ojos impones
lo que siempre fuiste
al descubierto,
esos brazos ensanchados,
esa boquita
igual de gruesa como la que tengo yo,
esos pechos que se escaparon del sostén,
con las manos en las rodillas.
Todo ese volumen de carne,
conteniendo su pasividad
antepuesta cuando la descubro
así de sencilla,
así de alborotada.
Entre nuestras narices,
ese intercambio de aire
lo dice todo,
que la miren así
para ella lo es todo,
pidiendo a gritos por dentro
recibir mi filosa lengua,
para hacer un fuego
entre mis brazos y su espalda.
Tremenda inspiración
navegar con las pupilas
de mis dedos en su cuello,
sus hombros,
sus rollitos
que apenas se ven
adueñandose de mi querer.
Quedamos así erguidos
en el colchón,
entre piernas que se intercalan
rasguñando hasta mi miembro
que la hace enloquecer.


- Fernando Ale

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