Habíamos pasado
toda la madrugada juntos,
sin separarnos los cuerpos
sudados de placer.
Todavía mi corazón
palpitaba aceleradamente,
mi respirar junto al de ella se normalizaba,
nuestras manos no se separaban.
De repente la vi lagrimear,
como reteniéndose a hacerlo
porque estaba observándola
con mis ojos penetrantes.
Le pregunte que pasaba,
me dijo que nada,
que todo estaría bien...
asentí con la cabeza
mientras proseguía
acurrucándola mas hacia mi lado,
con un sentir
que con el correr de las horas
me convirtió en una companía
de esas que le hacían falta.
Me susurro sus miedos,
sus molestias
y empece a calentar café para los dos,
sin ánimos de querer dejarla ir.
Me atrapo tanto esa madrugada
que la desnude completa,
acercando mis labios
en cada silencio
para hacer eterno cada segundo,
cada minuto,
sin dejar de contemplarla.


- Fernando Ale


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