Hecha a mi medida
no vacile entre curvas robustas
ante la mirada
de quien la contempla,
quien la domina
a merced de su vestido
dejado a un lado,
solo para mi.
Rellenita de amor,
de suspiros,
de fantasías,
de deseos que se trasladan a mi cuerpo,
como cualquier otra
inventando excusas
para tocarme desenfrenadamente.
Me lo hace tan rico
asomando su voracidad escondida
entre sus carnes,
de vez en cuando
cubierta de lenceria
acentuando rostros
de lo perversa que se pone
al recibir mis provocaciones constantes.
Bien merecidas tengo
esas mordidas,
ese aroma impregnado en mi piel,
aquellos susúrros profundos
descubriendo cada parte
que la pone tensa
en sus nalgas manoseadas,
en sus pechos húmedos.
Es fuerte todo esto
como sus brazos que me sostienen
exponiendo su posesión
en este poeta que la eligió
gustoso de tenerla
para convertirla en su musa.




- Fernando Ale

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