La tome del brazo para conducirla
del comedor hacia la ventana
que era baja como para interponernos ahí,
dejando el vidrio entreabierto
como para que se sostenga.
No le iba a dejar mas opción
que apoye una de sus rodillas
dejando su nalga expuesta
a gusto y placer de su perverso amo.
Sin antes tirar uno de sus brazos
del lado de apoyo
comence a perturbar su mente
con todo lo que podría atreverme
a hacer en ese momento.
La acomodaba con mis manos
y aprovechándome de eso
tanteaba su punto de placer sin piedad,
pues no debería tenerla.
Varios minutos así
fueron suficientes para conjugar
gemidos eúforicos,
con un viento de leve a moderado
que atestiguaba lo acontecido,
debo admitir que hasta yo no podía susurrar siquiera.
Me puse furioso en arremetidas
contra sus labios sensibles
de mis movimientos a punto de explotar
en un orgasmo inevitable.
Me humedecí la protección
que cubría mi pedazo,
volviéndose a repetir unos minutos después
tras insistirle con mis manos
cubriendo sus caderas.
Y yo cada vez me contuve menos,
poco a poco la solté,
la puse de rodillas,
azotando su cara con deseo,
era el momento de que acabe
mi néctar dulce en sus labios,
en sus pechos,
sin desperdiciar ni una gota.


- Fernando Ale

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