Lo que generas en mi,
en cada parte de mi cuerpo,
en mi boca filosa por la tuya comprendí
que eras la indicada para mis tratos
llenos de perversidad y calor
concebidos a tu pasión,
que también era la mía.
Que te hagas eterna
por cada segundo,
minuto,
hora,
el momento que sea
para profundizar las caricias
precisas en mi nuca y cabello corto,
relajándome al instante,
teniendo en tus manos el antídoto justo
para mi cuerpo.
Tus manos rozando mi pecho,
ocasionalmente mi barba
si es que la tengo conmigo
mientras nos escuchamos el uno al otro,
sin perder la vista de cada uno,
sin desperdiciar cada instante
de nuestro intimo encuentro.
Cada lugar que compartimos se vuelve mágico,
eres parte de mi felicidad por ser lo que eres,
una compañera fiel que no me suelta la mano,
coincidiendo en las locuras que se nos presenten,
grabándome en tu piel y tus ojos.


- Fernando Ale

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