Usted pertenece a mi cama

y no solo en mi pensar,

consumiéndose en mi larva ardiente

que mi piel ofrece no solo en sueños mojados,

hasta que el amanecer muestre

hasta donde podemos llegar.

Disculpe si tengo la insistencia frágil

como sus manos,

es que sabia a lo que se encontraría

bajo mis instintos sutiles

por conquistarla,

arqueándose al no poder

aguantar mis maldades.

No puedo,

le juro que no puedo dejar de contemplarla

en las fotografías,

reviviendo el preciso instante en que la hice mía,

no sufro tanto la distancia

percatándome de mi soltura

por seducirla así.

La envuelvo en lo sucio que puedo ser

cuando me hace entrar en provocaciones,

cayendo en todas ellas,

exponiéndose sus senos,

sintiendo terremoto en sus cachetes,

loca por mis palabras indecentes.


- Fernando Ale


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