Como no mirarte amada mía, me salta por los poros rodearte con mi presencia, no había lugar mas que para mi calor y el suyo, ahogaba de a momentos pero era placentero como lo vivíamos los dos.
Era mía mas que nunca, sin tener que respirarle en la nuca ya lo era, no había necesidad de dejarle marcas, su postura corporal me lo permitía saber como nosotros bien sabemos hacerlo a solas.
Estoy solo cuando voltea y el pelo deja descubrir su cara un par de instantes después con la mía, mientras su mano me guía a su pecho, a sus relieves prohibidos aunque no para este escritor.
Felices somos de esta manera, tan propia de almas que se corresponden, que de nada se esconden el cansancio era una excusa para frenar un tanto la escena para luego proseguir con los actos.
- Fernando Ale

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