Lo era todo para esa mujer, de amores comunes sabia un montón, se había aburrido ya, y cuando dió con el en una primera charla ya no era igual, de hecho nunca lo fue, proyectando regalos que se colocan al desnudo.

Poco a poco surgía esas palabras que pocos usan, al realizarlo era bien utilizadas, se inventaba un callejón sin salida para expulsar su perversión, comiéndole la boca desenfrenadamente, con la elocuencia marcada.

En cada vuelta a casa un suspirar la recorre, hasta que en una e esas el lo confiesa, es un escritor empedernido, ese descubrir fue todo un renacer para ella, lo imagino diferente y ahora lo conoce en letras.

Se recogen los brazos en el siguiente encuentro, cierran los ojos para volver a conectar, en esta historia que promete no darse un fin, porque el la buscara hasta cuando pendan de un hilo, aunque eso quizá no ocurra.

- Fernando Ale


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