El:

Entra a mi cuarto
espeluznante en tu vestír
para que la someta ya de entrada,
amarrada en sus brazos
la recojo del pelo y desvía la mirada
hacía arriba como zorra a punto de gemír,
es toda una delicía arrinconarla contra la pared
ingresandola a la adrenalína de que me pertenezca,
no se da una idea usted de cuanto soñe esto
hasta poder llevarlo a cabo.
La secuestro por un largo rato
pero en realidad la estoy liberando
como núnca antes lo había experimentado,
lentamente hago zurcos sobre tu piel mojada
de la propia circunstancia que la llevo a mis manos,
borrando toda duda de que esto no fue casual,
mientras me pertenezca nada podrá ser igual,
entre usted y yo señorita
hay paraísos que como un infierno la excitan
sucumbiendo ante mis cachetadas a sus glúteos.
Hace rato la tengo retenida a su voluntad
aunque mas bien eso era lo que buscaba
al venír por estos lugares llenos de avaricia,
sere culpable de que eso se acrecente
dejando pasiones permanentes
al corresponder a mis ordenes varoníles,
tan solo dejese llevar y no mucho mas
porque le juro que tengo pulso para rato.

Ella:

Me tienes con la cabeza en otro mundo
y el cuerpo a tú merced...
Como zorra a punto de gemir...
Entre la lujuria y deseo de seder a tu sometimiento
Me has encerrado entre las cuatro paredes de tú habitación,
me has sometido al delirio del desenfreno,
mis manos atadas a tú voluntad,
arrinconada a tú deseo,
y al violento placer que yo misma siento.
Más que un acto sutilmente planeado,
has librado lo que siempre he soñado,
el tiempo compartido es gratificante a cada recoveco de mi piel,
la cual responde a tal placer indescriptible,
del rose de tus manos, dejando la seguridad que lo que tanto había anhelado...
Las cachetadas a mis glúteos reafirman
el deseo ardiente de ceder ante tu voluntad caballero
y sin mediar lo que desees conmigo hacer.
El tiempo se detiene en tu habitación,
cuando cedo obediente a tus órdenes
varoniles y delirantes,
dejando que el placer guíe nuestros actos,
llevame al infierno de tus deseos
y hazme tocar el paraíso del place mientras en tus brazos
bajo los más delirantes sometimientos
se derrite mi instinto más perverso de mujer.

- Anónimo


 




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