Arrinconada a mis caprichos
te pude atraer por mi seducír andante,
mi forma de visualizarte,
palpando tu aroma sin mirarte
eso produjo que te dejes llevar
a aquello de lo que no se tiene retorno
una vez que dejas que se introduzca en tu alma.

Optamos por permanecer de esta forma,
suspendidos en un regocijo de manos y brazos
que perciben al otro,
al instante y voraces nos entendemos,
repasando el sentido de nuestra conexión
tan latente como inevitable.

Se estremecen las pieles,
reclamando por la pasión
que nos llama a arder de una sola vez,
sin escalas previas después de tantearnos
en la inmensidad de la noche,
fundiéndonos hasta provocarnos
ese calor intenso que nos motiva a seguír.

- Fernando Ale


 

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