Se encontró de golpe con su cintura, vislumbrando sus ojos posándose en su bulto sin discreción alguna, los segundos con besos espontáneos se convirtieron en minutos enteros, de roces entre pieles, compatibles de por si, al dar con el punto exacto del placer le remarcaba sus líneas llenas de fuego, sin pudor de lo que pasara.


Se acorralan con desespero, como si el mañana no existiese de repente, entonando la misma sinfonía, el mismo acorde, está relación no es peligrosa al saberse combinar confiados de que el placer fluya como desde la primera vez que se arrebataron sin explicación.


Hace tiempo sabía lo que quería para el y ya lo goza plenamente, su compañera con una mirada lo entiende, no que hablar con la lectura de las yemas de sus dedos, implicando una intensidad mayor, una vez más oler la lujuria del otro los atrapa, el afuera es más llevadero así.


- Fernando Ale


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