Estaba sentado en mi cama
y ahí vos haciéndome compañía,
no era una locura mía en la tercer cita,
ir a mi lugar seguro para poder contenernos,
no habría roces de pieles
pero si sensaciones encontradas,
en aquel domingo gris la templanza es necesaria
hasta que empezamos a fundir nuestros brazos.
Con el correr de los minutos la suavidad
paso a transformarse en un calor ameno,
de aquel que no se siente en los poros,
mas bien el alma entregándose,
como hace tiempo no alcanzaba ese grado emocional,
penetra con sensibilidad el aroma de ambos.
Colapso sin querer evitarlo,
era necesario que así ocurra,
lo mismo te acontece, me acurruco en tus pómulos,
sin quererlo del todo estaba en plena emoción
por lo vivido y ahora a su vez estaba
comenzando a quererte como quien logra desahogarse
después de tanto pesar.
El silencio atestiguaba en el cuarto,
era tan armonioso que sabia a perfección,
para lo que un momento así requería,
mis manos te encontraban
cada vez que tu figura se entregaba mas aun,
con tanta simpleza no había nada mas
que fluir al placer entre dos.
- Fernando Ale

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